La muerte de Manuel Fraga, no podrá hacer desaparecer de la memoria, alguno de los capítulos más tristes de la reciente historia de España. Acontecimientos que tampoco conseguirá tapar su capacidad para el camuflaje ideológico, justificada con su participación en la redacción de la constitución. Un hombre de bien hubiera aclarado esos capítulos turbios en los que en función de sus cargos, estuvo directamente relacionado:
- Se fotografía en un lugar distinto al contaminado por la radioactividad de las cinco bombas termonucleares de 1,5 megatones americanas caídas en Palomares.
- Ministro de Información y Turismo, preparó una campaña de prensa para justificar el fusilamiento de Julián Grimau, decisión tomada por unanimidad e un consejo de ministros presidido por el dictador Francisco Franco.
- Siendo ministro de Gobernación sucedieron los crímenes de Montejurra, mercenarios participantes en el acto terrorista, como Jean Pierre Cherid, curiosamente pertenecieron a otras organizaciones paramilitares que en un determinado momento pasaron a llamarse GAL. El ministro sentenció que se trataba de una pelea entre hermanos y, nunca fue capaz de aclarar, el origen de un acto tan siniestro.
- Responsable, en su condición de ministro de Gobernación de las fuerzas del orden que en 1976 dispararon en Vitoria, a los trabajadores cuando salían de una iglesia donde se habían concentrado, con resultado de 5 obreros muertos, jamás dimitió ni dio explicaciones sobre lo sucedido.
Especialista en la mentira y el ejercicio de manipulación mediática, para encubrir sus actuaciones y, las del gobierno de la dictadura en la que fuera participante activo, resultó a la hora de la verdad, un cristiano incapaz de asumir la “grandeza” o “miseria” de sus tropelías. Camaleón en la tierra, quedan para sus herederos políticos, un homenaje sonoro: “Campanades a Morts” de Lluis Llach




